La estabilidad regulatoria decide las inversiones energéticas de las próximas décadas
El sector energético se distingue por su horizonte temporal extendido. Las infraestructuras como hidroeléctricas, líneas de transmisión o plantas de almacenamiento se diseñan para operar entre 20 y 50 años. Una decisión regulatoria adoptada en pocos meses puede condicionar inversiones que se planifican con décadas de antelación. Por ello, la estabilidad de las normas adquiere la misma relevancia que los embalses, las redes o las instalaciones de generación. Cuando falta confianza en las reglas, las inversiones comienzan a reducirse mucho antes de que se manifieste cualquier crisis.