El análisis destaca que la práctica del gerrymandering en varios estados de Estados Unidos generó un efecto contrario al esperado por los republicanos. Al redibujar distritos para favorecer a su electorado, se produjo una mayor movilización entre votantes demócratas pertenecientes a minorías.
Electorados afroamericanos y latinos percibieron que se les arrebataba la posibilidad de representación en el Congreso, lo que los impulsó a participar con mayor intensidad en las elecciones. Esta reacción se sumó al rechazo frente a iniciativas impulsadas durante la administración Trump para exigir documentos de ciudadanía al votar.
En conjunto, estas dinámicas reforzaron el incentivo de las minorías para acudir a las urnas y evitar perder espacios de representación política.