La playa del Trampolín en Ceuta se ha convertido en el principal punto de concentración de inmigrantes que cruzaron irregularmente la frontera con Marruecos. Cientos de personas, en su mayoría hombres adultos, han levantado campamentos con construcciones artesanales y permanecen allí a la espera de un destino definido.
En el lugar se han formado mercados informales donde se venden ropa de segunda mano, alimentos y cigarrillos sueltos, algo inusual en territorio español. La falta de comunicación por idioma agrava la situación de seguridad, que los residentes locales describen como anormal.
Los inmigrantes provienen de zonas con escasas oportunidades al otro lado de la frontera y enfrentan intentos de devolución por parte de las autoridades. Esta realidad genera incomodidad y rechazo entre los habitantes de Ceuta, enclave español en el norte de África donde se encuentran dos culturas.